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ENE

Los riesgos de esperar siempre que “algo suceda”

Alberto

Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales

Personalidad de Medios, Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales. Sus seguidores en las redes sociales superan la impresionante cifra de 2,6 millones, lo cual lo posiciona como el locutor de radio en español número uno en seguidores en todo Estados Unidos.

MujerOjosBNLa brecha entre lo que esperamos y lo que nos pasa está ocupada por la necesidad de que algo ocurra de determinada manera (o no) y de nuestro juicio dependerá cómo nos sentiremos.

Si tenemos la creencia de que las expectativas son motores que nos ayudan a alcanzar nuestras metas o confiar en la gente, probablemente le vamos a poner expectativas a todo. Sin embargo, muchas veces no las tenemos sino que son ellas las que nos tienen y, de esta manera, harán con nosotros lo que les permitamos que hagan, como causarnos pena, desánimo o cualquier tipo de dolor.

En ocasiones, las confundimos con confianza, pero en realidad las expectativas están más ligadas al control que a la confianza, que de por sí suele ser liberadora. Si confiamos de verdad, el control disminuye, cosa que no ocurre con las expectativas, porque con ellas chequeamos qué es lo que está pasando y de qué manera sucede.

De la ilusión a la frustración
Las expectativas actúan como una ilusión, como el motor para alcanzar nuestra meta. Si no sentimos expectativas, nos parecerá que el objetivo no tiene demasiada importancia. De hecho, podemos decir que son malas compañeras de viaje cuando son fuente de angustia, pero también podemos disminuir la tristeza eliminando las exigencias.

Debemos conocer que una expectativa es el fruto de nuestro propio juicio interior, que está basado en creencias. Es por eso que toda esa “arquitectura” armada por nosotros mismos se nos cae encima en forma de dolor y decepción, produciéndonos frustraciones.

A veces, culpamos a los demás por nuestros malos resultados. Es por ello que las expectativas suelen victimizar a todos los que elegimos para adjudicárselas. Así, probablemente, descargaremos en los otros sentimientos de angustia, enojo o bronca.

Vamos por la vida esperando que padres, madres, hijos, maestros, etc., cumplan con lo que esperamos de ellos. De esta forma, nos predisponemos mal para afianzar las relaciones, porque nos vamos resintiendo más a medida que los hechos no pasan tal como queremos.

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