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ABR

Lo que tú me das, lo que yo te doy (desigualdad en la pareja)

Alberto

Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales

Personalidad de Medios, Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales. Sus seguidores en las redes sociales superan la impresionante cifra de 2,6 millones, lo cual lo posiciona como el locutor de radio en español número uno en seguidores en todo Estados Unidos.

ParejaFeliz9Tomado de: mejorconsalud.com

Según nos explican los psicólogos de pareja, una de las principales causas que dan fin a una relación sentimental suele ser, casi siempre, la percepción de desigualdad. Estamos seguros de que este tema te es familiar, puesto que no solo es aplicable a nivel afectivo o de pareja.

En nuestras relaciones, ya sean de amistad o incluso entre nuestros familiares, es habitual que hagamos grandes esfuerzos por cuidar de alguien, por mostrar cariño, por invertir nuestro tiempo en ellos… Sin embargo, en ocasiones, o bien no recibimos nada a cambio o se nos da lo contrario. ¿Somos egoístas por pensar que las personas necesitamos recibir algo a cambio de nuestro afecto y dedicación? En absoluto. Te explicamos por qué.

1. El amor no exige recompensas, sino dedicación
Es frecuente que, cuando iniciamos una relación de pareja, se cuide cada detalle y cada palabra, que se nos mime y que la dedicación por parte de nuestro compañero sea absoluta. Ahora bien, a medida que pasa el tiempo, es frecuente que ya no se preste tanta atención a los detalles y que, al final, la relación se dé ya casi “por sentada” creándose una clara situación de desigualdad.

–  La rutina suele ser uno de los enemigos más peligrosos de la pareja. Casi sin que sepamos cómo, se pierde un poco de esa chispa de antaño que nos hacía estar pendientes de cada detalle. Es comprensible, pero todo tiene un límite. En el momento en que uno de los miembros deja de esforzarse por aportar apoyo, cariño y comprensión, se están perdiendo los verdaderos cimientos de una relación.

– Cuando hacemos algo, no exigimos una recompensa sino, más bien, que se reconozca nuestro amor. Pongamos por caso que le perdonas a tu pareja que haya llegado tarde a casa, o que haya olvidado llamarte cuando debía hacerlo. Cedes en esas pequeñas cosas porque comprendes lo que ha ocurrido, y porque no es motivo para llevar las cosas al límite. Ahora bien, si él es incapaz de hacer lo mismo que tú, si es incapaz de “conceder” o de ponerse en tu lugar, está claro que hay una desigualdad. No pedimos un premio por perdornar o por comprender, lo que exigimos es que se reconozca lo que hacemos.

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