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19

OCT

El hábito de hablar mal de los demás

Alberto

Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales

Personalidad de Medios, Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales. Sus seguidores en las redes sociales superan la impresionante cifra de 2,6 millones, lo cual lo posiciona como el locutor de radio en español número uno en seguidores en todo Estados Unidos.

ChismeLos errores resaltan rápidamente. Todos los cometemos a diario y encontramos a personas que los cometen. Es muy fácil encontrar errores que criticar.

Y no sólo errores. Cada uno de nosotros obra según sus valores y prioridades. Por lo que también resulta fácil encontrar a personas que toman decisiones distintas, basadas en sus propias convicciones.

Cuando esas decisiones no cuadran con nuestro punto de vista, también es fácil caer en la crítica.

Total, que el panorama se va plagando de quejas y cotilleos:

– Mi jefa es una explotadora.
– La vecina se viste como una mujer de la calle.
– El tipo ése es un “hijo de papá”, que no sabe en qué tirar el dinero.

¿Qué contribución positiva brindamos al mundo con comentarios así? ¿Y a nosotros nos sirve de algo?

Hace tiempo me propuse reunir en una entrada las ventajas del cotilleo. Encontré unas cuantas. Pero, con el tiempo, he ido descubriendo muchas más ventajas en lo contrario: En no hablar mal de otros, si no hay necesidad.

La crítica compulsiva es un hábito que, principalmente, fastidia a quien lo posee. ¿Por qué? Aquí tienes cinco razones:

1. Porque, cuanto más crítico eres con otros, más crítico eres contigo mismo (y viceversa).
Las dos acciones suelen estar relacionadas. Quien está acostumbrado a señalar los fallos de otros, también es duro juzgándose a sí mismo cuando los comete. (Y viceversa.)

Por el contrario, para quien se muestra comprensivo y tolerante con las meteduras de pata ajenas, es más fácil ser compasivo con sus propios errores.

2. Porque rara vez la crítica destructiva induce a un cambio positivo.
Hablar mal de alguien, en la mayoría de los casos, no suele servir para que esa persona cambie. La consecuencia más directa es que a nosotros se nos vaya agriando el carácter cada día un poco más.

3. Porque es fácil llegar a una conclusión injusta.
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