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¿Cómo transmitimos a los niños la muerte de un familiar?

Alberto

Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales

Personalidad de Medios, Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales. Sus seguidores en las redes sociales superan la impresionante cifra de 2,6 millones, lo cual lo posiciona como el locutor de radio en español número uno en seguidores en todo Estados Unidos.

NinaBN1Al hablar sobre la muerte y el destino del ser que partió, los padres deben transmitirles a los niños aquello en lo que en verdad creen. De otra forma podrían provocarles trastornos psíquicos que tardarán tiempo en resolverse.

Cuando los niños pregunten sobre el destino del ser querido que murió, las respuestas válidas serán aquellas en las que los adultos también crean, ya sean creencias socioculturales o religiosas. Cuando los niños reciben las respuestas que los adultos se dan a sí mismos, no hay fisura y se sienten contenidos. Pero si existen discrepancias entre lo que los padres creen y lo que dicen, los niños se confunden y puede haber dificultades en la elaboración del duelo.

Los chicos tendrán un duelo normal o patológico de acuerdo a cómo los adultos responsables elaboren y acompañen el proceso.

Por ejemplo: Se produce la muerte de un familiar cercano. Si los adultos que quedan a cargo de los niños tienen dificultades para aceptar la muerte y la niegan, no tocan el tema o sólo responden con evasivas, el niño queda con la sensación de que -de esto no se habla- y por lo tanto también calla. No expresa sus sentimientos y queda todo en su interior sin resolverse. Los niños captan a la perfección las sensaciones y vivencias que tienen los padres. No hay que tener miedo de compartir los sentimientos con ellos, siempre y cuando, se les brinde contención.

Es recomendable enseñarles a los niños que la muerte no es algo oculto o misterioso, sino un hecho normal que forma parte de la vida y nos sucederá a todos. Conviene evitar apabullarlos con demandas o responsabilidades que no condicen con su edad. Tanto desde el punto de vista cognitivo como afectivo, los niños menores de tres años no comprenden el significado de la muerte. Entre los tres y los cinco la consideran como un suceso reversible, una suerte de sueño que en algún momento va a concluir. A partir de los cinco y hasta los nueve comienzan a entenderla como un evento definitivo, pero que sólo les sucede a los demás. Recién a partir de los diez lo observan como un suceso inevitable que supone el fin de la actividad física.

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