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Cómo enfrentar la soledad

Alberto

Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales

Personalidad de Medios, Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales. Sus seguidores en las redes sociales superan la impresionante cifra de 2,6 millones, lo cual lo posiciona como el locutor de radio en español número uno en seguidores en todo Estados Unidos.

MujerPlayaLa soledad es un sentimiento de aislamiento o desamparo que invade el ánimo de una persona, esté o no acompañada, y que llega a generarle angustia y malestar profundo; aunque puede ser circunstancial o pasajera, cuando persiste indica incomunicación y carencia de apoyo afectivo. ¿Desea afrontar el problema?, a continuación algunos consejos.

La sensación principal es de aislamiento, y aunque se realizan proyectos y se tienen múltiples capacidades intelectuales, artísticas o creativas, la necesidad de comunicación y la incomodidad no desaparecen. Es más, muchas personas pueden experimentar soledad incluso estando acompañadas, y se sienten incomprendidas y perdidas en el anonimato, la masificación y la velocidad con que suceden los hechos en las grandes ciudades.

A decir de los psicólogos, este malestar se vive cuando no hay comunicación con otras personas o se percibe que las relaciones sociales no son satisfactorias; por ello, los momentos más críticos suelen ser descritos como «indeseables» y generan sentimientos parecidos a los de depresión o ansiedad, pues el individuo vive con nerviosismo, falta de vitalidad, un «vacío interno» y desesperación.

Así, la soledad es el reflejo de una red pobre de relaciones sociales, en donde las amistades son escasas, insatisfactorias o demasiado superficiales; específicamente, puede presentarse de dos maneras, una emocional, en la que hace falta intenso vínculo con otra persona (amigo, pareja) que genere gusto por la vida y seguridad, y otra social, en la cual la persona no se siente integrada a un grupo que le ayude a compartir intereses y preocupaciones.

Se debe aclarar que la soledad es distinta al aislamiento social, ya que en este último se rehuye al trato con los semejantes, en tanto que la primera tiene que ver con la incapacidad de un individuo para manifestar sus sentimientos y opiniones; en términos coloquiales, no es que se evada a otras personas, sino que «no se le da» la convivencia.

En efecto, cuando nuestra habilidad para convivir es deficiente aumenta la probabilidad de experimentar soledad, pues la convivencia con otros es menos entusiasta y afectuosa, aunque esto suele ocurrir inconscientemente y por ello no es fácil percibir qué es lo que está fallando. Esto puede dar origen a un círculo vicioso, en el que surgen problemas de autovaloración e inconformidad que hacen que la persona afectada se convenza a sí misma de que no es amable ni digna de ser apreciada, por lo que rehuye a cualquier amigo potencial sólo por miedo a un posible rechazo.

También cabe mencionar que la soledad se vincula con la historia de cada persona, ya que el desarrollo en un ambiente de tristeza, desamor o negatividad y, ante todo, la pérdida de relaciones significativas para el individuo pueden generar marcas indelebles en la vida y afectar el desempeño anímico.

Mal de nuestro tiempo
Suena a chiste, pero es cierto: casi nadie se da cuenta del amplio alcance de la soledad porque vivimos inmersos en ella y no nos comunicamos adecuadamente. Sin percibirlo, los seres humanos contemporáneos sólo convivimos por momentos con familiares, compañeros de trabajo y vecinos, y aunque siempre estamos «rodeados de gente», vivimos en solitario.

Mujeres y hombres se sienten incapaces de mantener relaciones basadas en la confianza, y experimentan por igual el temor a sufrir una agresión o a ser rechazados, de modo que crean barreras que en verdad poco hacen por proteger y sí mucho por separar. Se vive en el vacío y tal actitud se justifica con planteamientos como: «nadie me entiende», «la gente sólo quiere hacer daño», «sólo les intereso cuando quieren obtener algo» o «cada vez que confío en alguien me llevo una puñalada».

Cuando la soledad es deseada no hay nada que objetar, aunque tal situación entraña peligro: el ser humano es social por naturaleza y una red de amigos con la que compartir aficiones, preocupaciones y anhelos es un cimiento casi sustituible para asentar una vida feliz y para enfrentar las dificultades cotidianas.

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