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DIC

Cómo detectar mentiras: la guía completa

Alberto

Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales

Personalidad de Medios, Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales. Sus seguidores en las redes sociales superan la impresionante cifra de 2,6 millones, lo cual lo posiciona como el locutor de radio en español número uno en seguidores en todo Estados Unidos.

HombreBarbaUno de los temas más atractivos sobre el lenguaje corporal es cómo detectar mentiras.  ¿Existirá una fórmula sencilla, que nos permita descubrir a quien no es sincero con nosotros?

Las mentiras pueden ser detectadas, en la medida que observas la forma de ser de quienes te rodean. Mientras más estudias el lenguaje corporal de los demás, te haces cada vez más sensible a los cambios actitudinales que inevitablemente acompañan una falsedad. Científicos como Paul Ekman y Allan Pease nos han permitido sintetizar algunos de los indicios claves para determinar si una persona elude la verdad, y podemos enumerarlos, desde el más sencillo hasta el más efectivo:

#7. Repetir la pregunta
El primer tip para detectar mentiras despierta sospechas en cualquier situación; lo llamaremos “Repetir la pregunta” ¿En qué consiste? como su nombre lo indica, tiene dos manifestaciones posibles:

1) Cuando le haces una pregunta sencilla a una persona y ésta la repite total o parcialmente, como si no nos hubiese escuchado o entendido. Por ejemplo, un diálogo clásico:

– Andrea: “¿Se puede saber dónde estabas tú anoche?”

– Beto: “¿Anoche? / ¿Que dónde estaba yo anoche? / ¿Quién, yo?“
Cuando una persona miente, las pausas entre cada palabra aumentan unas décimas de segundo.

En cualquiera de los casos, los centros de procesamiento del cerebro están siendo puestos en funcionamiento de manera sorpresiva, y con el pleno conocimiento de que a una pregunta sencilla debe seguirle una respuesta sencilla, la mente necesita valiosas décimas de segundo para articular una respuesta no comprometedora. ¿Cómo hace el mentiroso para ganar tiempo? pues repite la pregunta. Es instintivo.

2) Complementar la respuesta con la pregunta misma. Digamos que no repites literalmente la pregunta, sino que la “adjuntas” a una respuesta que debería ser, a todas luces, sencilla. Por ejemplo:

– Andrea: “Amor, ¿Le pusiste comida al perro?”

– Beto: “Uhm, Sí amor, yo le puse comida.”

Luego de una respuesta así, esperemos que Beto se asegure de que Fido no se muera de hambre. El incluir la pregunta original como una coletilla de la respuesta (que en este caso podría ser simplemente “Uhm, Sí amor“) es señal que el centro del lenguaje quiere sonar convincente, cosa que no ocurre cuando nos preguntan, por ejemplo, nuestro nombre.

Allí pasa algo muy particular con su boca…

#6. La boca que pica
Allan Pease, en su libro “el lenguaje del cuerpo”, explica cómo los gestos adultos son en realidad evoluciones de los movimientos automáticos de los niños. Las expresiones de emotividad, los movimientos exagerados de las manos y los ojos desmesuradamente abiertos son rasgos infantiles inconfundibles que llegan sin escalas a la adultez, aunque cada vez más y más sutiles para llamar cada vez menos la atención.

¿Qué hace un niño instintivamente cuando escucha una mentira, una grosería o algún vocablo impropio? Su reacción natural será la de taparse con ambas manos la boca, queriendo decir con este gesto “¡No puedo creer lo que estés diciendo!”. Al ir creciendo, esta manifestación se hace casi imperceptible y puede derivar en un simple toque de las comisuras de los labios o incluso la punta de la nariz.

“Un momento”, dirás, “En ese caso el niño se tapa la boca porque escucha una mentira, más no porque la dice.” Recuerda por un instante que el cerebro humano es propenso a “representar” sensaciones que no están realmente presentes; Si por ejemplo ves a alguien mordisquear un limón, no podrás evitar sentir su gusto ácido en tu propia boca, que hasta podría salivar. El mismo reflejo nos lleva al gesto de las manos que se llevan a la boca cuando otra persona miente.
Los mentirosos evitan a toda costa hablar de frente. Prefieren hacerlo girando un poco el cuerpo.

Está científicamente comprobado: de todos los “micropicores” definidos por Phillippe Turchet en el libro “El lenguaje de la seducción”, el de las comisuras de los labios y el de la punta de la nariz están íntimamente relacionados con el mentir.

Simplemente basta con que te imagines un triángulo sobre la boca y nariz de tu interlocutor, pendientes si en algún momento se acerca las manos a él.
Una de las ventajas en cuanto a la precisión de este “indicio” de la mentira es que los nervios que causan esa picazón en los labios rara vez son afectados por una alergia; la nariz puede dispensarse en algunos casos de resfriado común o reacción a un olor fuerte, pero los labios al ser tocados no pueden mentir. La persona está insegura de lo que está diciendo, ya sea que esté creando todo un argumento o simplemente esté pensando en cómo demostrar su inocencia.

¡Las comisuras de los labios son implacables!. Pero nada como la próxima parte del cuerpo…

#5. La sien perlada
¿Has notado cómo una persona que se siente amenazada, empieza a sudar copiosamente? Aún cuando escasos segundos antes tenía una frente ligeramente seca, ahora la ves profusamente perlada producto de… el nerviosismo.

Esta reacción es provocada de manera natural por la amígdala cuando tu sistema límbico presiente que te encuentras ante un peligro inminente. En vez de esperar a que entres en actividad física que eleve tu temperatura y que provoque la correspondiente sudoración para calmarla, el cuerpo se anticipa provocando una transpiración que por la ausencia de esfuerzo, sientes más fría de lo normal.

La sudoración de la frente es un indicio claro de que la persona está nerviosa. ¿Nerviosa por qué…? puede que lo esté simplemente porque se siente acusada y está buscando exponer su explicación; o bien no tiene ninguna explicación y tiene que inventarla.
Quien miente no usa todos los músculos de su rostro, pues está tratando de falsificar sus…

En ese momento la persona que está siendo “acusada” entra en un círculo vicioso en el que le es imposible generar palabras coherentes puesto que su cerebro está dividido entre a) Alarmar sobre el peligro del momento, b) determinar la intención y reacciones de su interlocutor y c) Desarrollar la mentira. Si a todo esto le añades el hecho de que ya está nervioso y no puede pensar con claridad, es muy factible que termine metiendo la pata o simplemente lo confiese todo.

Debes estar absolutamente seguro de que no hace el calor suficiente como para que la persona esté sudando. Una cuidadosa observación previa al “interrogatorio”, nos permitirá determinar si la piel de su sien está seca. Cuando la reacción al peligro lo invada, notarás que la tez se volverá más clara (por compresión de los capilares) y… empezará a sudar. En el caso de quienes sufren de hiperhidrosis o sudoración constante, no se da ese cambio de (frente seca / perlada de sudor), pues siempre tienen una ligera capa de transpiración.

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