01

FEB

Comer tu propia placenta, ¿por moda o salud?

Alberto

Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales

Personalidad de Medios, Autor, Conferencista e Influencer en Redes Sociales. Sus seguidores en las redes sociales superan la impresionante cifra de 2,6 millones, lo cual lo posiciona como el locutor de radio en español número uno en seguidores en todo Estados Unidos.

MujerEmbarazada3Por Mariana Yanez de Madriz.- Además de actuar como barrera que impide el paso de sustancias nocivas para el normal desarrollo del futuro bebé, la placenta va acumulando a lo largo de todo el embarazo una cantidad importante de sustancias tales como el hierro, que junto con otros minerales, vitaminas y hormonas destinadas a regular la inmunidad y la coagulación sanguínea, convierten a la placenta en un compuesto orgánico de alto valor biológico.

El resto de los mamíferos, tras alumbrar la placenta en el parto, la ingieren automáticamente, formando parte del comportamiento animal codificado genéticamente a tal fin. (Es importante notar que el ser humano también posee el gen de la placentofagia, llamado Mest/Peg1, en el cromosoma 7q32).

La placenta es rica en vitamina k, hierro y vitaminas necesarias para la reconstitución materna y del recién nacido, y posee una cantidad importante de hormonas destinadas posiblemente a compensar el gran déficit hormonal que se produce en el organismo materno tras el parto, el cual se ha relacionado con la depresión post-parto.

Estudios antropológicos confirman que las mujeres hace muchos años atrás practicaban la placentofagia, sin embargo, los factores culturales que han introducido el tabú como elemento de freno a la placentofágia y el asco como su herramienta más importante, hizo que esta práctica desapareciera.

Así mismo, hay quienes estiman que los componentes de la placenta, como estrógenos, opioides y la oxitocina, son los responsables de mejorar el estado de humor de las mujeres, reducir el dolor luego del parto, aumentar la energía y la producción de leche materna, así como mejoran el vínculo entre madre e hijo. La manera de ingerirla varía, hay quienes lo ingieren con jugos y otra opción es pulverizarla y convertirla en pastillas.

Sin embargo, de acuerdo con especialistas de la Universidad Northwestern, entre algunos, a la fecha no existen estudios ni pruebas contundentes acerca de los beneficios de comer placenta; sin embargo, indican que tampoco hay evidencia de que sea nocivo para la salud de las mamás. Pudiera tener un efecto placebo o bien aportar algunos beneficios; al final, la decisión reside en cada persona. ¿Qué dices, tú lo harías? ¿Te has comido tu propia placenta? ¿Que beneficios obtuviste?

Fuente: www.canariasbiomedica.com

Mariana Yanez de Madriz es mamá y periodista con un máster en medios y arte. También es la fundadora y editora de www.holasoymama.com, puedes seguirla en Facebook, Twitter e Instagram.

Derecho de autor: sborisov / 123RF Foto de archivo